El gobierno de Brasil se encuentra en un estado de silencio notable tras las recientes declaraciones de Javier Milei, quien reiteró insultos hacia el presidente brasileño Lula da Silva. Fuentes oficiales en Brasil han expresado, con ironía, que tales comentarios "no ayudan" a la relación bilateral. A pesar de la intención de calmar las tensiones con el posible regreso del embajador brasileño Julio Bitelli a Buenos Aires, los medios brasileños sugieren que su retorno podría demorarse.
En el contexto de la campaña electoral argentina, que culminará el 4 de octubre, el gobierno brasileño evalúa la relevancia de las palabras de Milei, en un momento en que Argentina parece perder peso político y económico en la región. El canciller de Uruguay, Mario Lubetkin, también se pronunció, afirmando que las tensiones entre Milei y Lula "no ayudan para nada", destacando la posición de su país en la presidencia del Mercosur.
La situación se complicó después de que Milei calificara a Lula de "ladrón" y "presidiario" en un evento político en San Pablo. Este hecho provocó una inmediata reacción del gobierno brasileño, que convocó al embajador argentino para expresar su repudio ante estas declaraciones.