La reciente expulsión del diplomático iraní Mohsen Soltani ha intensificado las tensiones entre Argentina e Irán. Esta decisión, tomada por el Gobierno de Javier Milei, se enmarca en un contexto de confrontación con el régimen iraní, alineándose más estrechamente con Estados Unidos e Israel. La administración ha manifestado su postura enérgica contra Irán, que incluye apoyo a sus aliados en el conflicto del Medio Oriente y reclamos por la falta de cooperación de Teherán en la investigación del atentado a la AMIA en 1994.
El Ejecutivo argentino ha declarado como persona no grata a Soltani y le ha dado un plazo de 48 horas para abandonar el país. Aunque esta medida no implica una ruptura formal de las relaciones diplomáticas, se considera un paso significativo hacia ese fin. La Casa Rosada está a la espera de la reacción de Irán antes de avanzar en su plan de ruptura formal.
La escalada en el conflicto se vio acentuada por la reciente declaración del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán como organización terrorista. Según el Gobierno, las investigaciones han vinculado este cuerpo militar con los atentados de 1992 y 1994 en Argentina. La administración de Milei se encuentra en una posición expectante, reconociendo que la expulsión de Soltani podría agravar aún más las tensiones con Teherán.